Aunque la risa se precipitalas lágrimas mutilan,
y aún llenos de vida
cada día la muerte
pasa cordial y saluda.
Que no me duela dices
pero los vértices se quiebran
sin rasgos de dulzura
Entre lejanos pliegues de arena
el viento siempre sopla
para exponer antiguas heridas.
Mordiendo sueños
se quiebran los dientes,
entonces las plumas
dejan de ser dúctiles
y nos arropan rígidas.
¿Que me despiertes dices?
Si solo duerme la mitad de mi silencio
mientras la otra, desconoce de letargos
y tasajea con filos de ambigüedad
mi domesticada cordura.
Avivada ando entre discursos
arrancándole vidrios a la voz
al tiempo que me atosigo de nubes
para que la torpe plenitud no duela.
Por ello pido a la defensa
que no obstruya mi respiración,
ni me curve injusta ante el cansancio
de sentirme presa,
aunque a veces y absurdamente
las manchas enaltezcan la inocencia.
©María Elena Ponce®












