14/06/2009

Habeas Corpus

Aunque la risa se precipita
las lágrimas mutilan,
y aún llenos de vida
cada día la muerte
pasa cordial y saluda.

Que no me duela dices
pero los vértices se quiebran
sin rasgos de dulzura

Entre lejanos pliegues de arena
el viento siempre sopla
para exponer antiguas heridas.

Mordiendo sueños
se quiebran los dientes,
entonces las plumas
dejan de ser dúctiles
y nos arropan rígidas.

¿Que me despiertes dices?

Si solo duerme la mitad de mi silencio
mientras la otra, desconoce de letargos
y tasajea con filos de ambigüedad
mi domesticada cordura.

Avivada ando entre discursos
arrancándole vidrios a la voz
al tiempo que me atosigo de nubes
para que la torpe plenitud no duela.

Por ello pido a la defensa
que no obstruya mi respiración,
ni me curve injusta ante el cansancio
de sentirme presa,
aunque a veces y absurdamente
las manchas enaltezcan la inocencia.

©María Elena Ponce®

13/06/2009

He vuelto... A Gerardo Omaña

Si me pides que regrese
Vuelvo…

Hilaré una vez más cada palabra
desde las cenizas
y quebraré en los ojos
toda lágrima,
para saciar las cosas
de su interminable sed.

Me invocas...

Y el viento interrumpe
esta siesta tan callada,
despertarndo así en mis labios
un goteo de estrellas.

Escribo…

Y en cada palabra
avanza tu nombre
llenando de rocío los espacios
y mordiendo cada instante
que sin saber porqué... olvidé.

A tu llamado regreso
dejando atrás una explosión
jadeante de nostalgias.

Ahora,
abro las manos
como una mirada
que no tiene fin
deshojando sobre ti
cada recodo de mi alma
para anunciarte que he vuelto.

©María Elena Ponce®

30/04/2009

Simplemente...Humanos


Tratamos de recortar distancia
disfrazando lo incierto de mesura
y zurciendo la rotura del comienzo.

Intentamos de nuevo traficar las grietas
simulando que las llamas tan merecidas
en la ebriedad del delirio no queman.

Y entre palabras toscas buscamos la dulzura
para justificar el aplauso de unas migas,
aunque se extravié la conciencia del llanto
en simuladas erupciones de breves alegrías.

Pero una vez más hace desmanes el tiempo
para abandonarnos al deslustre de la caída,
porque es así que paladeamos lo que somos
tratando de aliviar las mordidas de una mentira.

Así inevitable y certero es el hartazgo
cuando colgamos de nuevo el miedo en la carne
e iniciamos el regreso desde algún punto lejano.

Y dejamos de catar la virtud de sentirnos dioses
para devolvemos a la cruda realidad
en la que no somos ajenos a la dádiva divina
de sentirnos frágiles, sensibles y humanos.

©María Elena Ponce®

19/04/2009

Extensa y detenida inspiración

Cuando se tiene esa indescriptible necesidad de escribir, uno desea poseer y ser poseído por las ideas, enlazando los aromas de la risa y la tristeza. Es ese estar cuando no estas y ver todo aquello que nadie ve en esplendores ofuscados, donde las voces sin esperar se abren paso y como el viento todo lo arrasan, mientras uno está allí sin futuro, presente, ni pasado, con la sensación de estar flotando.

Se avivan o diluyen en el reloj encuentros y sentires, pero con el corazón encendido de sueños empedernidos. Allí, el alma tiene ansias de infinitud y aunque uno no puede permanecer eterno cuando nada hasta hoy lo hizo, en ese éxtasis el espíritu y su esencia se elongan buscando rescatar en lejanos horizonte ecos perdidos.

La vida es un sin sentido con sentido, es néctar disfrazado de veneno amargo, sabiendo que tenemos una misión que desconocemos y un zigzaguear de cruceros entre las manos cargados de interminables preguntas que al llegar a puerto, descargan todas las respuestas para que no satisfagan inquietud alguna.

Es un estado de caída libre donde se va mirando el mundo con ojos unas veces de serpiente y otras de ángel. Así oscilo entre el bullicio y el silencio, viendo como toman forma la infancia, la mocedad, el dolor, la alegría, el triunfo, la derrota y la euforia del amor, cuando después de abandonar el trance, resurges desde las mundanas miserias, para moldear un poema en la cima de alguna colina y una vez alcanzado el objetivo, te vez transformado en orilla, onda, ola, mar, carne de caminos andados y desandados, deseados en la espera y en el deseo, esperando otro momento de inspiración.



©María Elena Ponce®

11/04/2009

Diálogo mesurado


Quiero mostrarte mis perfiles
entre las voces rasgadas del tiempo
en lo placebo de la mesura.

Sí,
así,
como unos dedos que tejen
suaves y cinéticos roces
jugando con la luz y las sombras,
para formar en las paredes
asombrosas y colosales figuras,
ansiosas de contarle a tus ojos
una y mil historias.

Por ello voy a desnudar ante ti
mis contenidas maneras,
para acariciarte con el alma
a través de mis palabra.

Me acerco sin premura
con lentos y largos pasos,
pero a la vez rompiendo el salitre
de complejas fronteras,
esperando desalojar de nosotros
tanto océano detenido.

¿Y si lo dejara para más tarde
cuando todo dice que es ahora?

El espacio y el momento
serían deformes desperdicios
de irresolutos segundos.

Daríamos inicio al tropiezo,
a la triza definitiva,
a la implacable sentencia
de dejar morir un sueño
en las manos verdugas de lo oscuro.

Sería como no desear
para llenarnos de encierro,
condenados a transitar siempre
los mismos espacios.

Por ello urjo ser en ti
el bálsamo de un acierto arrebatado,
ese, capaz de hacer brotar en tus labios
una dulce y dilatada sonrisa.

Así nace esta apremiante razón
de hacer mudable mi pudor,
buscando acariciarte una vez más
con esta especie de diálogo,
antes que la aurora se oxide
nuevamente en las pupilas.

©María Elena Ponce®

09/04/2009

Filosofía de un instante


Con la mirada extraviada
en el cuenco de mis manos
y embebida en la inercia,
sin más ni menos me descubrí
flotando como la nata.

Espulgaba las escamas
que al saltar sobre mis pies
se sentían al caer
como agradable ungüento.

Así…

Dejé fugar mis pasos
golpeando el silencio,
mientras cicatrizaba
sin pastillas ni tratamientos,
un hombro a hombro
con el tiempo y las posibilidades.

Y aunque fuera de mí
el mundo lleno de urgencias
toma la palabra y reclama,
soy una voz que se imanta
cada segundo al agua cebada.

Guardo este momento
entre mis puños,
lo aprieto,
reduzco su espacio,
casi lo asfixio con miedo a soltarlo
y luego…

Descubro entonce
el goce de iniciar un regreso,
cuando evado todo lo que detiene
y me lo llevo a los labios.


Confieso que no fue la espera
un estado en vano,
solo un reconfortarme
con el placer de sentir
mi propio olvido
por un breve instante.

©María Elena Ponce®

05/04/2009

Sin poder decirte adiós


Como si te hubieras diluido en el leve ronquido de un instante nunca más supe de ti; así, como cuando calla el latido insistente de las venas para hacerse astillas en la tristeza.
No sé que fue de ti, pero igual te recuerdo con tus dioses en pugna, entre la amargura y la dulzura, la oscuridad y la luz. Así lentamente te desvaneciste agotado en tu propia amalgama, mientras cubrías tu rostro con las manos llenas de insensatas arrugas.

Y en esta tarde fría te recuerdo amigo, con mi mente hecha tráficos de ríos que buscan incesantes y con urgencia aunque sea la brevedad de tus pisadas.

Supongo las razones que te encausaron a refugiarte en la humedad de la nada o tal vez solo intuyo, que tanto dolor insepulto te llevó a esconderte intencionalmente de las espinas entre trementina, lienzos y pinturas, para vivir como un tatuaje ajeno a la cordura.
Riego mis pies de astronomía para que se comporten como brújulas y me lleven hasta ti.

Tu imagen y tus palabras se resisten a vivir como sombras en mi memoria cuando nunca hubo una despedida.

Conocí la profundidad de tus hendiduras, la alegría de antiguas grandezas, los cayos que dejaron en ti los horrores de la guerra y el infierno de un matrimonio que vivías con angustiosa y eterna agonía. También me enseñaste la niebla que cubría aquel ojo en el espejo, donde flotaban tus amoríos, ilusiones y sueños.

Ahora toma lugar en mí ese temor de presentir el tiempo que llega como derrumbe y ceniza, para que tú repentinamente partieras sin yo poder decirte adiós y mucho menos hasta luego.

©María Elena Ponce®