
Solo las sombras acompañan
mis hora de trotar lunas
en este silencio en el que tiemblo,
cuando te pienso
y me arropa la ternura.
¡Tú ¡
Alquimia platónica poderosa
que me embriaga con su aroma
tan de cerca y a la vez tan lejos.
Desde aquí,
desde muy adentro,
en secreto.
Me deshojo dibujándote
con la mirada perdida
en lo blanco del techo.
Te edifico en mis dehesas
donde yo soy soberana
y tu, el caballero de mi reino.
¡Poesía eres!
dentro ,
fuera…
Desde lo más íntimo
donde te unjo con el perfume
de mi obligado claustro,
te dejo luego brotar
como fuga desenfrenada
de un ave ansiosa de libertad.
¡Te pienso!
Las palabras se transforman
para hacerse un goce
que escapa entre mis resquicios,
donde abandono todo miedo
dando rienda suelta a este sentimiento.
Trasmuto el tiempo
y como viento nocturnal llego
para ser intangible caricia
en las horas de tu sueño.
Una y mil veces
irrumpo en tu estancia,
traspasando fronteras
en una gesta de lluvia pasajera,
con la irrevocable misión
de humedecerte los labios
para calmar la sed sin que lo sepas.
Te pienso,
Te invoco…
Música embriagante
que sigilosa cierras las rejas,
me ha sorprendido el sol
colándose por mi ventana.
Pero cuando retorne el anochecer
donde abandono todo miedo
dando rienda suelta a este sentimiento.
Trasmuto el tiempo
y como viento nocturnal llego
para ser intangible caricia
en las horas de tu sueño.
Una y mil veces
irrumpo en tu estancia,
traspasando fronteras
en una gesta de lluvia pasajera,
con la irrevocable misión
de humedecerte los labios
para calmar la sed sin que lo sepas.
Te pienso,
Te invoco…
Música embriagante
que sigilosa cierras las rejas,
me ha sorprendido el sol
colándose por mi ventana.
Pero cuando retorne el anochecer
una vez que la mañana muera,
yo volveré a violentar los cerrojos
para ser manifiesto de amor
en el tránsito de esas palabras
que en ti no dejan huella.
©María Elena Ponce®
yo volveré a violentar los cerrojos
para ser manifiesto de amor
en el tránsito de esas palabras
que en ti no dejan huella.
©María Elena Ponce®



