26/6/2010

TE PIENSO




Solo las sombras acompañan
mis hora de trotar lunas
en este silencio en el que tiemblo,
cuando te pienso
y me arropa la ternura.

¡Tú ¡

Alquimia platónica poderosa
que me embriaga con su aroma
tan de cerca y a la vez tan lejos.

Desde aquí,
desde muy adentro,
en secreto.

Me deshojo dibujándote
con la mirada perdida
en lo blanco del techo.

Te edifico en mis dehesas
donde yo soy soberana
y tu, el caballero de mi reino.

¡Poesía eres!
dentro ,
fuera…

Desde lo más íntimo
donde te unjo con el perfume
de mi obligado claustro,
te dejo luego brotar
como fuga desenfrenada
de un ave ansiosa de libertad.

¡Te pienso!

Las palabras se transforman
para hacerse un goce
que escapa entre mis resquicios,
donde abandono todo miedo
dando rienda suelta a este sentimiento.

Trasmuto el tiempo
y como viento nocturnal llego
para ser intangible caricia
en las horas de tu sueño.

Una y mil veces
irrumpo en tu estancia,
traspasando fronteras
en una gesta de lluvia pasajera,
con la irrevocable misión
de humedecerte los labios
para calmar la sed sin que lo sepas.

Te pienso,
Te invoco…

Música embriagante
que sigilosa cierras las rejas,
me ha sorprendido el sol
colándose por mi ventana.

Pero cuando retorne el anochecer
una vez que la mañana muera,
yo volveré a violentar los cerrojos
para ser manifiesto de amor
en el tránsito de esas palabras
que en ti no dejan huella.

©María Elena Ponce®

24/6/2010

Cavilares de espacio y tiempo




Tal vez tengas razón

¡Me extravié!

Cuando escindía espinas
y miraba el rocío escarlata
humedecer mis dedos,
me enclaustré en el silencio
para dejar que mis palabras
sin el peso de la carne
izaran el vuelo.

¡Que misterio!

Sí…

Las piernas dejaron de tener pretexto
y ante la carrera apresurada de la lluvia
se detuvieron…

Luceros de pan y ternura
se adormecieron en secreto…

Me arropé en el frío
anestesiando con él lo sensible
y bajé otra vez el perfil
para no mirar la embestida
que me daba la resaca de mil espigas.

¿ Dices que estoy perdida?

Sí…

Me escondo entre las paredes del aire
como inquilina de Delfos,
ajena, distante y exenta,
evitando tocar la tierra
porque hoy no deseo
ser el dolor de la raíz
cuando contra gravedad crece
rasgando las entrañas del suelo,
ni quiero volver a sentir
la hincada de los dientes.

Dejo queda la voz
entre las hojas del muérdago,
para que repose sobre las ramas
de ancestrales árboles,
como lo hacen los pájaros viejos.

¡Cansancio de infinita guerra!

Herido animal
que velas en tus ojos
pacer el tiempo,
hoy mides el espacio,
entre la realidad y los sueños.

©María Elena Ponce®












13/6/2010

Paso Breve



Nadie supo que estuve
ni sintió mis pasos
de gato viejo.

Hablé,
pero mis palabras
fueron rebote vertical
en la suavidad del viento.

Quebré con mis manos
la dureza del suelo
y con desgano digo…

¡Cuánto sembré!

Más nada germinó
que no fuera cizaña
para alimentar mi desaliento.

De qué sirve alargar las sílabas
cuando los oídos expuestos
las escuchan siempre breves.

Para que seguir
tratando de abrir caminos,
donde impera una bruma de premura
sin tiempo para la memoria.

Quédate sin verdad y en el error
si así es tu deseo,
porque mis pies ya no dan más
y se cansaron del repaso.

Muere si quieres
en la incertidumbre de la guija
o en el azar amañado
de los dados viejos,
pero no me busques
ni mi nombre recuerdes
porque hoy soy desvinculo
con rostro de indiferencia.

©María Elena Ponce®

12/6/2010

Pequeña hazaña





Algo implacable…

Se torna tormenta irrevocable
en el brillo de su espada.

Hombre y caballo
solo son pasión
para tumbar esta noche
mil estrellas.

Jinete…

De pura armadura y espuela
que en su andar hiere el pasto
por su causa de vuelo insobornable.

Caballero
que en su misión
de adorar y perderse
en los dulces brazos
de la señora de su sueño,
lleva su corazón hecho pedazos
para que su amada lo remiende.

No hay sed
cuando unos labios
son pan mojado
y el nombre de una mujer
es tatuaje sobre la frente.

Ha de caer a sus pies
suplicando una vez más,
el dulce asilo de tan amada doncella.

©María Elena Ponce®

Perfumada de olvido




Ha habidas cuentas
aquí estoy…
rasguñando las paredes
de castillos que yo misma edifiqué.

Lastimada y umbrosa,
soy la sed en una boca severa.

Acaso embarazada
de un ángel sombrío,
soy la madre que de un sueño se revela
mientras lo arrulla en un pecho frío.

Algunas veces perdida,
otras rencontrada,
acaricio tus cabellos
de madera y lirios,
Y tú…
Sembrando nostalgias
para calentar mis venas.

Así con los años hemos crecido
entre la rutina, el fervor y el perfume
con que impregna el olvido,
abrazada a un verso
que retumba en mi cuerpo
haciendo estrepitoso ruido.

©María Elena Ponce®